Una historia de cuento o un cuento de historia
Érase una vez un Reino en el que el Rey amaba las riquezas. Tenía mucho oro y diamantes, pero su deseo de tener aún más le llevó a una curiosa decisión. No era tan importante para él el incalculable valor de lo que poseía sino el brillo que desprendía, así que mandó a los herreros y joyeros a crear estatuas y adornos de hierro, para después bañarlos en oro. Todos pensaban que el Rey era muy poderoso y le respetaban, aunque él temía que algún día se darían cuenta de la triquiñuela.
Cuando se intuye que la situación de un país puede empeorar, hay sólo una actitud que puede resultar útil para que las consecuencias no sean terribles: prevenir. Se puede prevenir incluso sin alarmar, afianzando la posición de los que deciden. Lo que se vea desde fuera no importa al buen gobernante, puesto que los resultados finales le darán la razón. El mal gobernante es aquél que prefiere mostrar hierro bañado en oro que afrontar la realidad.
A finales de 2006 empezaron algunos indicadores económicos a mostrar datos preocupantes en la economía mundial. En 2007 aparecieron otros cada vez más alarmantes que terminaron por estallar a mitad de 2008. Yo no sé de economía más que lo que aprendí en un par de asignaturas de la carrera. No tengo los datos y números en tiempo real como aquellos que se suponen que velan por el buen estado de un país, y no sabría cómo interpretarlos. Y aún así llegué a más y mejores conclusiones que aquellos que dicen saber. Y esas conclusiones no eran nada favorables.
El Rey mostró todo el oro y tranquilizó al pueblo, que pensaba que habría reservas suficientes para pasar la sequía, sin apreciar la trampa del hierro bañado.
La antigua ficción pasó a ser realidad y las previsiones se demostraron que estaban muy lejos de la realidad, para peor. Se había vendido mucho humo para conservar el reinado, pero había otros 4 años por delante para poder quitar el humo y mostrar la dura realidad, para combatirla todos a una.
Meses después de las elecciones de 2008 se aprobaron unos presupuestos que se sabían demasiado optimistas. No era necesario. Ostentar el hierro bañado en oro ya no valía para nada. Se podía hablar de optimismo para tranquilizar, siempre que se demostrase al final que había un buen equipo de hormigas recogiendo semillas para el invierno. El problema es que aquí no hay más que cigarras, que son capaces no sólo de decir que todo va a ir mejor de lo que saben que no es verdad, sino que pueden tomar decisiones que hagan que parezcan que tienen razón. ¿cómo alguien que sabe del tema, con todos los números y datos, no es cuanto menos capaz de decir: “debemos estar tranquilos pero a pesar de eso seremos cautos”?
Este año está siendo desastroso, y parece que una buena parte aún no ve el porqué. Las pocas esperanzas que podían quedar en que se podría empezar a remontar se están desvaneciendo. Y es que a pesar de las sospechas de muchos, se siguen enseñando las piezas de hierro bañadas en oro. No se pueden hacer unos presupuestos para 2009 suponiendo que casi no nos va a afectar la crisis, pero peor aún es no aprender de los errores cuando las previsiones vuelven a ser de cuento de hadas para los presupuestos de 2010.
Y ni fue verdad que el país creció ni de lejos lo que se decía; todo lo contrario, ni los ingresos del próximo año permitirán un gasto tan brutal y tan necio sin un endeudamiento que seguirá acercando la quiebra al estado. Y es que de un año no se ha sacado lectura alguna para el otro.
La sociedad puede estar preparada para afrontar la dureza adicional de la crisis, para pagar incluso más impuestos, pero no debería estar preparada para aguantar que se sigan haciendo unos cálculos que ya sabemos que, por demasiado optimistas, han resultado un verdadero desastre.
