Llegó la hora triste
No deja uno de sorprenderse ante la magnitud de la estupidez humana, lo único infinito junto con el universo. Como un big-bang de estulticia, la progresía catalana expande sus temidas garras sobre sus -antes felices- habitantes. Los Santiagos Resucitamoros de este país (con perdón), vuelven a salvarnos de las garras de la temida libertad, ayudándonos a no volver a equivocarnos y desplazarnos del camino de baldosines amarillos, adornados en este caso con unas bonitas tiras rojas y una estrellita.
Se acabó la hora feliz. El director general de Salud Pública catalana, Antoni Plasencia, considera este hecho una adaptación a una nueva “realidad social”, lo cual es ciertamente curioso -lo de nueva, quiero decir-. Debe ser nueva para él porque no habrá estado atento en clase mientras sus compañeros de pupitre se dedicaban a modificar la “realidad educativa” de este país (con perdón) promocionando una generación de martillos bípedos a imagen y semejanza del mítico vídeo de Pink Floyd. Pues manos a la obra, preparemos el cuerpo para las sucesivas horas tristes, hasta que se hagan tan habituales que pasen desapercibidas.
Y como en todos los tratamientos de choque, lo primero es reconocer el problema, y yo reconozco que soy díscolo, que suelo prestar atención a este tipo de ofertas, y que a veces siento la osadía de hacerles caso y caer en la trampa de mis propias decisiones, con todo lo que eso le tiene que doler al señor Plasencia. En un acto de constricción personal sin precedentes en mi libertino devenir, y a modo de propósito de enmienda, voy a proponer algunas mejoras a esta bendita ley.
-Prohibición absoluta del buzoneo de supermercados. ¿Os imagináis lo que significa caer en la tentación de un 3×2 en fuet? Teniendo en cuenta que las enfermedades cardiovasculares suponen la principal fuga de jurdeles de la sanidad pública, ¿cómo dejar que un descarriado plebeyo selle sus arterias con toneladas de grasa a tan bajo precio? El acabose, vamos…
-Fin de los descuentos en las agencias de viajes. Ingentes cantidades de gases contaminantes dejarán de emitirse a la atmósfera si nadie se moviera de su casa, lo que encajará perfectamente con el talante ecopsicópata de nuestros gobernantes.
-Revisiones cíclicas, con inspectores cualificados, de los procedimientos de higiene personal. ¿Por qué rebañarse el ano desperdiciando toneladas de papel? ¿Acaso justifica un ojete inmaculado la deforestación amazónica? Una tasa por pasada de 2 cm^2 es una cantidad más que razonable.
Señor Plasencia, espero que mis recomendaciones le sirvan para meditar, aunque sabiendo que, como me dicta la experiencia, la clase política usa las peticiones populares para lo que todos sabemos, piense al menos en el tercer postulado de mi propuesta y reúse el papel varias veces, que el reciclaje es cosa de todos.
